Formación bonificada, o cómo la corrupción de unos pocos desprestigia a un sector

April 8, 2014

Como es habitual, pagan justos por pecadores. El enorme revuelo causado por los numerosos casos de fraude en supuestos cursos de formación bonificada a través de la Fundación Tripartita salpica a las empresas que colaboran con dicha fundación desde la más estricta legalidad, poniendo en entredicho su honestidad.

 

Lo peor de esta crisis, de la que parece que por fin vamos saliendo pasito a paso, no es el deterioro económico, aun cuando éste ha provocado multitud de situaciones verdaderamente dramáticas. Lo peor es la crisis de valores que hemos estando, y seguimos, presenciando. España siempre ha sido un país con un grado importante de picaresca, pero esto ya rebasa con mucho la definición de dicho término. El fin justifica los medios, y da la casualidad de que, en muchos casos, el fin es el lucro personal hasta límites indecentes y el medio pasa por apropiarse de fondos que están destinados a mejorar la situación (laboral, económica, personal) de personas muchas veces no precisamente favorecidas. Y, para más inri, seguimos la filosofía del “si hay quien se ha llevado millones, por qué no voy a llevarme yo un paquete de folios de la empresa, o el albornoz del hotel o cobrar el paro mientras hago mis ‘chapucillas’…”, con lo que esa falta de moralidad no solo afecta a unos cuantos (bastantes) empresarios y/o políticos sino a la práctica totalidad de la sociedad. Esto sí que es difícil de superar.

 

Y llega la formación bonificada, que no es más que emplear en mi reciclaje y capacitación lo que la Seguridad Social ha retenido a mi empresa por mí y a mí directamente como trabajador, bajo el epígrafe de “formación”. Hasta aquí, todo perfecto: el Estado se preocupa de que la población activa tenga la posibilidad de no quedarse obsoleta, sin coste ni para ella ni para sus empleadores. Lo malo surge cuando hay quien ve en esta posibilidad un filón para lucrarse de forma irregular, descubriendo la forma de burlar los controles de la Administración. Una práctica del todo criticable pero que, además, ha provocado una desconfianza prácticamente generalizada hacia cualquiera que ofrezca formación bonificada. Si ya antes no era fácil conseguir proyectos, nos encontramos con un nuevo obstáculo: vencer el temor al timo o al aprovechamiento. Los que realmente pretendemos ofrecer formación de calidad aprovechando los créditos acumulados para dicho concepto nos vemos así perjudicados por los que han actuado sin escrúpulos. Como tantas veces, pagan justos por pecadores.

 

Susana Portillo

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