En busca de los valores perdidos, para inventar valores nuevos

May 13, 2014

Fuente: Compromisorse

 

No acabamos de sorprendernos cuando, cada día, aparecen nuevas noticias de elementos hasta ahora desconocidos y que provocan que tengamos distintas percepciones de lo que nos está pasando y de lo más importante, de lo que debemos hacer para solucionarlo. Desde esas agencias de calificación que, junto con los mercados, cuando opinan: todos a correr, a esos Estados que son capaces de falsificar sus cuentas o a los “iluminati”, que siempre supieron qué nos iba a pasar pero que no nos lo contaron para no preocuparnos y que, por supuesto, ahora saben darnos cada día una nueva receta para salir de la crisis, en este caso, para que nos preocupemos un poco más de lo que nuestra realidad nos muestra.

 

La situación que estamos contemplando, viviendo o sufriendo, dependiendo del grado de afectación que a cada uno de nosotros nos haya llegado, es muy pero que muy complicada. Espero que no haya voces que pongan este principio en discusión, ni tampoco el que con toda seguridad, de ésta, salimos. Otra cosa diferente es el modo de hacerlo, dónde nos llevará y cuáles son los daños irreparables causados.

 

Sobre el modo de hacerlo, existen muchas fórmulas, incluso más que personas, ya que estamos viendo que algunas de ellas tienen varias, e incluso contradictorias opiniones, lo cual significa que no está muy claro cuáles son las medidas precisas y necesarias para solucionar nuestro problema. Hay quien opina que “no debemos tener miedo a los cambios frente a la crisis y aboga por las renovables y la flexibilidad laboral”; otra opinión, considera que “la única vía para salir de la crisis se basa en el tuismo”; también, hay quien opina que “ya no es el momento de hablar de la crisis, sino de impulsar políticas que garanticen un crecimiento robusto”, o bien, “saldremos de la crisis si trabajamos más”.

 

Los diagnósticos están hechos, pero no existe correlación entre el daño causado y los motivos que nos están contando que lo originaron y que justifican esta situación, luego de fondo, de haber mucho más, aunque no tengamos tiempo ahora para intentar averiguarlo y descubrir las verdaderas razones que nos han llevado del crecimiento continuado durante más de una década, a ser incapaces de sostener nuestro reconocido estado del bienestar. Esto no significa que lo dejemos y que esperemos el momento oportuno para desenmascarar a los culpables y entender los errores cometidos. Mientras tanto, no estaría mal releer el cuento de “los tres cerditos”.

 

Si pudiésemos tener un “deja vu” aplicable a los Gobiernos, empresas y personas, veríamos cómo hemos vivido un largo periodo de bonanza en el que nos hemos dejado llevar por la gestión del crecimiento en todos sus sentidos, pensando o creyendo que era para siempre. Así, hemos conseguido muchas cosas, pero en estos momentos, parece que no somos capaces de sostenerlas y menos de mantenerlas a futuro. En términos generales, nos encontramos con que gastamos más que ingresamos y además, estamos endeudados y tenemos, triste gracia, que devolver los préstamos conseguidos de manera fácil en otros tiempos.

 

Si cada uno actuásemos como si fuera un problema propio y particular, tendríamos que aplicar las medidas correctoras que deben contener los principios básicos de: reducir el gasto, aumentar los ingresos y refinanciar los préstamos para poder atender, en cuantía y tiempo, los compromisos adquiridos. Aunque los problemas sean comunes, cada empresa debe combinar los ingredientes de manera diferente y cocinar su propio menú, el más apropiado y que le sirva para situarse en un nuevo tiempo. En ello estamos, combinando esos distintos ingredientes, convencidos de que lo lograremos.

 

Aplicadas a corto plazo las correcciones necesarias como planes de choque y probablemente, ya empezando a hablar de las necesarias para el largo plazo, aunque con errores en los nexos de unión entre lo que llamamos corto, medio y largo plazo, nos llevará a plantearnos cuál es el nuevo sistema en el que debemos movernos y hacia el que debemos encaminarnos. El que hasta ahora hemos utilizado, no nos vale por insostenible. No somos capaces de mantener nuestro estado del bienestar logrado durante este tiempo atrás.

 

De este modo, no apliquemos sistemas revolucionarios, tenemos muchas cosas buenas que debemos aprovechar y, siguiendo un principio básico de actuación en momentos adversos, reconozcamos todo aquello que nos sirve, eliminemos los elementos defectuosos y aportemos los nuevos necesarios para cambiar y llegar a una nueva situación. Nada va a volver a ser lo que era, vamos hacia un nuevo modelo aún sin definir y que afectará a todos los elementos que intervienen en nuestro modelo de organización, tanto empresarial como social, incluso en lo personal.

 

Como manera de acometer estos cambios necesarios, en primer lugar, nuestro salvamento a corto plazo: no vale querer volver a donde estábamos, no es posible; nuestro medio plazo: reestructuremos, ya que lo que hacíamos y cómo lo hacíamos no nos sirve, no generemos más ideas, huyamos de las pasadas y nuestro largo plazo: modernicémonos para conseguir ese nuevo futuro en un nuevo sistema.

 

Para conseguirlo, todos somos protagonistas; son necesarios los esfuerzos de todos, con las aportaciones de cada uno, ésta es, como decía el título de una película, “la hora de los valientes”, de todos aquellos que quieran y estén dispuestos a aportar para salir fortalecidos de esta situación, sin olvidarnos de todo lo que se nos quedará por el camino. Recuperemos valores abandonados o desperdiciados: la gestión responsable, la sostenibilidad, la productividad, la innovación, la competencia por ser mejores, la responsabilidad en lo que cada uno de nosotros hacemos, la conciencia social de que no es posible derrochar nuestros derechos y que para poder mantenerlos es necesario siempre asociarle unas obligaciones que nos permiten mantenerlos para nosotros y para los demás.

 

Consideremos nuestras empresas como el ente aglutinante de intereses diferentes e incluso contradictorios de cada uno de los partícipes: accionistas, gestores, empleados, clientes, proveedores y entorno en el que se desarrolla la actividad. Si somos capaces de satisfacer de manera equitativa a todas estas partes, entraremos en el mundo apasionante de construir una nueva forma de entender el nuevo modelo. En todo tipo de organización y de relaciones, existen reglas y principios de actuación, debemos establecerlas y tenemos una muy buena base para ello. La ética existe, debemos ponernos de acuerdo en las reglas del juego para evitar el “todo vale”, que no ha sido capaz, repito la frase, de satisfacer de manera equitativa a todas las partes. Podemos hacer extensivo este principio a lo personal, a lo profesional, a las empresas y, por supuesto, a los gobiernos, sean del tipo que sean.

 

Si recuperamos esos valores perdidos que sí han servido para nuestro desarrollo y añadimos éstos nuevos necesarios para corregir lo que hemos hecho mal, podemos tener unas bases importantes que nos permitirán vislumbrar el futuro más inmediato. Si revisamos la historia de la humanidad en las crisis sufridas, algunas sólo han sido de transición y otras han servido para ser algo nuevo. Estos momentos que estamos viviendo son importantes por lo que significan, esto no es un problema coyuntural, sino de estructura de funcionamiento y modelo de relación económica y social. Aprovechemos la oportunidad de contribuir a construirlo.

 

Todo esto pasará, trabajemos para construir un nuevo modelo necesario y no nos olvidemos de lo que hemos dejado atrás en este ajuste necesario mal denominado: crisis; desde un pasado no sostenible, hasta un futuro ilusionante que nos permitirá seguir desarrollando nuestro estado de, sin ponerle nombre, economía controlada, crecimiento sostenible y empresas fortalecidas como responsabilidad de todos y para todos.

 

Bienvenido Martínez

Profesor del Executive MBA del Instituto de Directivos de Empresa (IDE-CESEM)

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